PRÓFUGOS SE BUSCAN
Dicen que anda un profe dando vueltas por los
salones, buscando sin esperanzas un grupo de jóvenes discípulos perdidos en los
laberintos del tiempo. No sabe bien cómo ni cuándo desaparecieron, pero es
fácil identificarlos.
Salieron una tarde pidiendo permiso para buscar hielo para
el tereré en la cocina de la escuela y ya no regresaron.
Los seis visten una remera roja, como en la foto, con
una mano abierta dibujada de color blanco, que simboliza la amistad que los
une, y pantalón vaquero azul gastado por el sol, las lluvias y las horas libres
en la galería.
Se los puede reconocer por sus mejillas, rosadas de
tantas ganas de llevarse al mundo por delante; sus miradas alegres y llenas de
confianza en el futuro que sabrán
forjarse; sus mentes repletas de sueños juveniles e ideas locas, pero sensatas
desde su lógica.
Pero se
advierte: son poco propensos a acatar órdenes sin una razón valedera y
decididamente retobados con los autoritarios.
El profe sigue buscando con tenacidad en cada
salón que entra a dar clase y a veces se le hace que están en el fondo,
sentados en círculo, como él les enseñó, como en la foto, discutiendo algún
proyecto para la salida del finde. Pero cuando se da cuenta de su autoengaño, suspira hacia adentro, para que no se den cuenta sus alumnos y se dice que tal vez la próxima hora tendrá más suerte en el salón de al lado.
Cualquier novedad, avisen en preceptoría.

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